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Los dedos se hunden en las semillas como el lápiz en las palabras. Flota aroma de menta y es menester cerrar los ojos como en el columpio y su vuelo. Llega el grito de la vendimia, salvaje voz imperativa como el primer llamado de la razón. Aparece la piel de las manzanas voluptuosa e incalculable como el ardor del primer beso. Y la mano extiende un trozo de naranja Dios que ofrece la fe, para tentar con la promesa de una virtud inagotable.